20 de mayo de 2019

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Todo pasa y todo queda, 
Pero lo nuestro es pasar...

El concepto puede ser el mismo de "flow" o de ir tirando, cada uno verbaliza la realidad acorde a su necesidad, pero llega un momento en el que todos "cambiamos el usuario" y no es por una imposición, todo lo contrario, es más bien una necesidad para cada uno de nosotros hacerlo.

Sorprendentemente en mi camino se ha cruzado el coaching como forma de reseteo, y al mismo tiempo que debo dar gracias por ello, no deja de resultarme abrumador pensar que yo misma hace unos años lo desechaba como recurso personal y profesional.

A lo largo de nuestra trayectoria vital, más allá de lo profesional, lo único que permanece es el cambio, y a partir de ahí, mayoritariamente luchamos por mantener nuestra esencia, si es que en algún momento llegamos a saber que es exactamente: nos gusta aferrarnos a algunas cosas que tomamos como referentes para tener un anclaje, para saber siempre los pasos y las huellas que no debemos borrar en nuestro camino: es sólo a posteriori cuando somos conscientes de muchos de los cambios de nuestra vida; desde un trabajo a una pareja, a veces resulta confuso determinar lo que ha provocado la nueva situación.

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Tal vez la herramienta por la que he decantado mi actividad profesional hacia el coaching es la capacidad para liberar potencial, y al mismo tiempo, limitaciones autoimpuestas; cuando trabajas con personas, vas conociendo la esencia, y descubres que nuestros peores boicoteadores somos nosotros mismos; mi mente siempre piensa en términos de ayuda, sólo concibo así la vida, y ésta herramienta es la que me ha permitido ir un paso más allá del tener que contar en voz alta lo que se puede hacer mejor, sin molestar: la consciencia es el arma más poderosa de cualquier ser humano, y ayudar a despertarla, un privilegio.


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