10 de diciembre de 2018

¿a donde quieres ir?



“Si insistes en permanecer en tu zona de confort,
 no irás muy lejos.”
Catalina Pulsifer


Siempre se ha dicho que vivir es arriesgar, pero lo que no nos han explicado (al menos a mi) es como el hecho de no arriesgar implica dejar de vivir, no ser capaz de sobrevivir y adaptarse a una realidad que creíamos ajena.

Trabajar con creencias y valores es un paso importante para ser capaz de aprender a discernir las cosas que queremos y que necesitamos para nuestro entorno y nuestra calidad de vida; tal vez, a mayores del cambio disruptivo tecnológico, entendemos el futuro como una forma idílica de vivir en la que no será necesario esforzarse ya que las máquinas estarán a nuestro servicio y disposición para efectuar los cambios que sean necesarios, pero tal vez se nos olvida que precisamente la parte de ocio es la más cambiante en el ser humano, y que para nosotros resulta muy importante tener cabida a la privacidad; llegará el día en que ansiemos que algo de lo que hacemos no quede reflejado, no haya un rastro digital, y ese día está más cerca de lo que nos gusta pensar; la diferencia en que somos educadas las distintas generaciones (el famoso salto generacional) es brutal y se muestra siempre como una forma de evolución que suele coincidir con la realidad, pero no siempre es obligatoriamente así: hay que tener en cuenta la importancia de aprender de los errores, y en éste caso está en nuestras manos decidir que consideramos equivocado.

Imagen gratuita Pixabay
Soy una defensora de salir de la zona de confort, creo que nada bueno sale de ella, pero también lo hago consciente de la importancia que tiene marcar los límites, saber exactamente que se puede esperar de cada una de las situaciones y que experiencias queremos vivir o a cuáles, estamos dispuestas a renunciar, cual es el precio que pagamos por hacerlo.

No se me ocurre nada bueno que pueda ocurrir dentro de tu entorno, más allá de la tranquilidad necesaria para abordar el siguiente paso, y por supuesto, nada más lejos de la realidad que creer que no existe nada mejor fuera de ella; hacer compatible ésta vivencia con las zonas de aprendizaje es nuestra responsabilidad, la capacidad para aprender y disfrutar, es una obligación.

Feliz semana,

2 comentarios:

  1. Soy una defensora de salir de la zona de confort, creo que nada bueno sale de ella, pero también lo hago consciente de la importancia que tiene marcar los límites, saber exactamente que se puede esperar de cada una de las situaciones y que experiencias queremos vivir o a cuáles, estamos dispuestas a renunciar, cual es el precio que pagamos por hacerlo.
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