Nada sucede hasta que algo se mueve
Albert Einstein


Hace tiempo descubrí que la zona de confort es aburrida (al menos para mi) y que me interesa más explorar otras posibilidades que estar siempre en la misma rama, sin posibilidad de cambiar la perspectiva del árbol en el que me apoyo.

Ésta semana tuve una agradable charla con un compañero de profesión y me comentaba las extrañas formas en que él llevaba tiempo resistiéndose a la evidencia de los cambios que nos rodean; divertido también conocer la medida adoptada en Silicon Valley para que algunas de sus guarderías no utilicen los dispositivos móviles que otros hemos tardado años en aprender a usar como adultos, y sobre todo, que les obliguen a los pequeños,  a volver a jugar con juguetes de madera, relacionarse entre ellos sin distracción externa...

Al final, el tiempo lo relativiza todo, y aunque es verdad que la tecnología ha llegado para cambiarlo todo, parece que el mensaje de que no dejan de ser herramientas al servicio del ser humano, es una realidad que está más cerca.

Imagen gratuita Pixabay
Tal vez estamos en el inicio de la forma menos evidente del cambio: asumir que la tecnología nos une, y que nos ayuda, pero que también puede separarnos y por ello es bueno mantenerla controlada y a nosotros disciplinados al respecto.

Cuando en las formaciones intento mantener el formato tradicional de trabajar con las manos, que se usen post it o papeles de colores, al principio el cliente se extraña: le resulta paradójico que no llegue con algunas herramientas colaborativas online, y sólo es al final de las sesiones cuando consigo que se entienda el juego a lo largo de las horas del trabajo en equipo como lo que realmente es; un puzzle, un encaje de un montón de personas que si bien por separado no son perfectas, dentro de un equipo si pueden serlo: ¿cómo no sentirme motivada por ésta realidad? 

Feliz semana