29 de octubre de 2018

¿y tú?

Antes que nada, 
la preparación es la llave del éxito.
Alexander Graham Bell

A veces, y no sólo a veces lo imposible se convierte en real...
No lo hace por casualidad, sino por causalidad, es decir, tienes que trabajar y trabajar para conseguir lo que te haga obtener tus metas, y esa es la forma en que lo imposible se vuelve real ante tus ojos.

Esta semana he vivido una de esas situaciones, y siempre, siempre, hablar con alguien que entiende y valora el milagro que supone tener cerca o próximo una situación así, para mi es un privilegio.

La magia de la comunicación a veces nos pone en frente en vez de al lado de la persona que puede ayudarte o que es capaz de dar sentido a una de las situaciones que vives, pero también es cierto que sin esas personas, sin esas situaciones que te obligan a pensarlo, no tiene sentido generar ninguna idea venidera.

Creo firmemente que aprender a vivir es el trabajo más duro que puedes desarrollar, y que ninguno estamos preparados para él, que nos van surgiendo dudas y también momentos de desarrollo personal casi a diario, sea por la temporada o por la situación que tenemos que asumir al enfrentarnos a un nuevo día, pero también creo que hay procesos, personas y situaciones que sin duda nos ayudan a entender lo que (nos) ocurre, y eso bien gestionado, es la clave no sólo del éxito sino también del desarrollo profesional y personal.
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Aprender de los errores, no llegar a cometerlos, o vivir la intensidad de adaptarse al cambio sobre la marcha no es nada más que una forma de vida, intensa, en muchos casos incómoda, y al mismo tiempo, enriquecedora, creativa y arma para crecer donde las haya.

Todos buscamos tiempo para crecer, para creer, para compartir, pero...¿y para crear? quién busca tiempo para crear su mundo, su entorno (el que quiere) y para fijarse nuevas metas que le arrastren a la felicidad? 

A veces, no siempre, yo lo consigo y no hay palabras ni actos que justifiquen dejar de hacerlo; efectivamente, nadie me dijo que sería fácil, no lo es, pero desde luego que merece la pena, y por supuesto, no estoy dispuesta a renunciar... ¿y tú? 

Feliz semana


22 de octubre de 2018

Un mago con sombrero de copa


Delegar el trabajo siempre funciona,
Siempre que el que delega el trabajo también trabaje.
Robert Half


Los que habitualmente leéis este rinconcito de espacio cibernético, conocéis ya mi tendencia natural de serie a trabajar en equipo; ferviente defensora y creyente de las múltiples oportunidades que la unión de diferentes mentes nos brindan para acercarnos a la no ya tan nueva realidad que vivimos, y al mismo tiempo, pilar por excelencia que te da la fuerza para conseguir tus objetivos, sean grandes, pequeños, o no alcanzados todavía por nadie.

El reto de adecuarte o quedarte fuera de la realidad, ya no es una amenaza sino un hecho, y me sorprende la cantidad de resistencias que todavía algunas personas creen que se pueden permitir, cuando la realidad es que el tiempo que se dedica a negar la evidencia, únicamente te aleja de la consecución de tus propias metas.

Otra de las características que forman parte de mi esencia es la confidencialidad, por supuesto la protección de datos ya había llegado a mí en forma de discreción mucho antes de que el nuevo Reglamento Europeo empezase a poner sobre la mesa la regulación de la misma, por eso me limito, nuevamente, a comentar la anécdota vivida esta semana con un equipo de trabajo, que en el fondo, puede ser cualquiera: el tuyo, el mío, el de la empresa que está a tu lado, tu cliente o proveedor…

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Alguien que cree que trabajar en equipo es sólo responsabilidad de las personas que tienes a tu cargo se está equivocando: antes ser jefe era útil, una mente brillante determinando quien hacía qué y en que momento, pero en la actualidad, el paradigma social y los intereses personales que vivimos, hace que el modelo necesite otro tipo de gestor: alguien preocupado por conocer las motivaciones de las personas con las que trabaja, y que centre sus esfuerzos en unirlas con los objetivos empresariales; me chirría escuchar que el líder que requiere hoy en día la organización “no trabaja” y que “yo tengo que hacerlo todo” porque nada hay más importante que una buena/correcta, planificación, y pensarla requiere bajo mi humilde punto de vista, el mayor no sólo de los respetos, sino la admiración: la capacidad para hacerlo, en un entorno cambiante, con equipos diversos, un grupo amplio de generaciones trabajando por motivaciones diferentes… más que un responsable de equipo, hoy en día se buscan magos que sepan sacar al conejo de la chistera, sin herirle y devolviéndole a su hábitat sano y salvo para cerrar la cuadratura del círculo y tener ya si, a todo el equipo contento.

Y tú, ¿también crees que el responsable de tu equipo no trabaja?

Feliz semana!

15 de octubre de 2018

Aprendiendo a Aprender


Enseñar es aprender dos veces
Joseph Joubert


A veces, te encuentras con un proyecto en las manos que llama tu atención, que despierta tus sentidos y que pone a funcionar toda la creatividad de la que eres capaz de exteriorizar.

Cualquier organización hoy en día está condenada a no dejar de innovar, a reinventarse cada día, y con ellas, sus personas! todo aquel que trabaja con o para ellas debe estar en constante evolución y cambio, y eso cuesta mucho, a veces el sacrificio se vuelve un reto, pero en otros casos se ve como un castigo, así que es importante que cada uno se posicione donde necesite.

Estos días me ha tocado trabajar en un proyecto en el que se podía apreciar con meridiana claridad el diferente sentir de cada uno de los participantes, y tal vez por eso es por lo que me gusta tanto la formación, por que permite a los participantes desnudar el alma muchas veces sin ser consciente, y en otros muchos casos, descubrir los demonios con los que internamente se enfrentan.
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Aprender a vivir con incertidumbre es una de las tareas más complejas a las que nos enfrentamos hoy en día, pero si se canaliza en positivo es de las experiencias más enriquecedoras que podemos tener, y es por eso precisamente por lo que la invitación (además de la necesidad) a hacerlo es de lo mejor que nadie puede ofrecernos; tal vez, creemos que no hemos nacido para aprender, o para formarnos constantemente, pero realmente a lo largo de la vida no dejamos de hacerlo, siempre estamos en constante evolución y aprendiendo cosas, así que ¿por qué no incorporar sin complejos esa necesidad vital de aprendizaje al ámbito laboral? y si nos sorprendemos haciendo o diciendo cosas que creíamos imposibles para nosotros, o simplemente, que nunca nos habíamos planteado... ¿no merece la pena intentarlo? ¿y si descubrimos que nos gusta, o que en realidad no es tan difícil o tan absurdo como inicialmente nos parece? 

Siendo consciente de que la zona de confort no es buena para ninguno de nosotros, aunque si necesaria, será más fácil soltar la rama, y simplemente, probar...

Feliz semana! 




8 de octubre de 2018

Haciendo camino


Cuando emprendas tu viaje a Itaca 
pide que el camino sea largo, 
lleno de aventuras, 
lleno de experiencias.
C.Cavafis


Hay situaciones que se repiten y que son atemporales, da igual que hablemos de una semana, de un mes… La actividad profesional y la vuelta al día a día, llegan cargados de sorpresas que se repiten.

He tenido la ocasión de hablar recientemente con una persona que compartió momentos profesionales en el pasado, y ha sido por una parte agradable (siempre lo es volver a mirar al pasado para poder sonreir) y por otra parte ha sido “ensordecedor” ya que en la actualidad colaboramos en diferentes actividades, proyectos que van en paralelo y donde compartimos experiencias, vivencias, y a veces, trabajos.

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Ferviente creyente de la colaboración, no se me ocurre mayor placer que poder hacerlo con gente confiable, pero a veces, las cosas suceden demasiado deprisa: proyectos que varían, que se adelantan o retrasan en función de los intereses y las necesidades de mercado, hacen que hasta en las cosas más pequeñas, notemos la inmediatez y la interconexión de un mundo globalizado.

Acabo de vivir la experiencia de pasar de un otoño relajado (bien!) a un mes lleno de actividad, (bien también!) pero sobre todo, porque me da la oportunidad de participar en proyectos abiertos, colaborativos y orientados a servicio al cliente, en éste caso a mentes inquietas y curiosas; de pronto, me he quedado sin descanso, sin fines de semana para relajar o pensar, pero gano en experiencias y networking, en rodearme de personas y proyectos que están desarrollados pensando en la sostenibilidad (por paradójico que resulten las prisas con las que se ha creado la actividad donde se exponen)

Siento que así es la actualidad: llena de paradojas y dicotomías; crear para creer, y creer para crear; crecer para ser sostenibles, y desarrollar ésta cultura como única solución para poder crecer…

Caminando pues hacia Itaca, teniendo presente cada paso, sólo puedo decir: bienvenido otoño, bienvenidos proyectos…

Feliz semana!


1 de octubre de 2018

El poder de lo obvio



¿Las pequeñas cosas?
¿Los pequeños momentos?
No son tan pequeños.
 Jon Kabat-Zinn



He tenido la ocasión hace poco de vivir en primera persona “el poder de lo obvio” y por extraño que resulte, lo he disfrutado muchísimo más de lo que yo creía: tanto del hecho de descubrirlo, como de reconocerme en él.

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Hace tiempo que tenía ganas de tener un paréntesis en mi vida profesional y éste es el año, no por abandonar mis proyectos, todo lo contrario, por darle más fuerza y empaque, aunque hasta hace bien poco, desconocía el cómo hacerlo: empezar un nuevo camino siempre da vértigo, pero es más gratificante si lo haces desde el convencimiento de la plenitud, y eso es justamente, lo que te puede dar lo obvio, o dicho de otra forma, los pequeños momentos.

Podría hacer una oda personal de todo ello, pero no desviemos la atención y centremos el foco en la actividad profesional individual, es ahí donde sin duda, las pequeñas cosas ayudan y fomentan la participación y el desarrollo profesional, así que hago un alegato sincero a la diversidad y la gratitud, a la forma de entender el mundo sin prisas y sin presiones: sin sentir cada mañana, cada tarde y/o cada noche el vértigo de las prisas, de conversaciones inacabadas y de la sensación de momentos perdidos.

Este mes reconozco una formación de motivación y de trabajo en equipo, y es curioso el cambio de paradigma en el que al prepararla me descubro: voy a trabajar desde el mindfulness y el coaching, herramientas ambas tan denostadas como posiblemente poco comprendidas aunque en ambos casos tienen su público, y sobre todo, sus defensores, pero que pocas personas en su día a día practican o utilizan: en unos casos por desconocimiento, en otros por miedo a las respuestas o a la ausencia de respuesta que pueden encontrar.

Herramientas ambas que deberían ser obligatorias, no sólo en el ámbito de la formación sino también de cualquier actividad profesional para un completo equilibrio de la persona, porque no hay trabajador que se precie que no se acompañe de sus miserias personales, ni persona por feliz que sea con su familia que no añore una actividad profesional plena.

Privilegiada como me siento por momentos, para volver a iniciar temporada no se me ocurría mejor forma de hacerlo que desde éste pequeño homenaje a lo obvio, a lo pequeño, y especialmente, a lo grande que hacen mis días tantas pequeñas cosas y momentos.

Feliz semana,   



Mi mente es la llave

La gente no puede descubrir  nuevas tierras  hasta que tenga el valor  de perder de vista  la orilla André Gide El miedo al cambi...