Pies, para que los quiero 
si tengo alas para volar.
Frida Kahlo


Me he dado cuenta hoy, leyendo algunas noticias en prensa, que hace ya algún tiempo (demasiado) hablé del famoso techo de cristal que tanto nos afecta y que por supuesto es difícil entender.

Escribí hace algunos años un post, en un blog previo a éste, respecto al tema y hoy me he sorprendido dando un vuelco a algunas de las cosas que allí relataba; seguramente se trata de la evolución lógica que se puede esperar tras algunos años de encuentros y desengaños con el mercado laboral, pero lo más importante, es lo que marca el aprendizaje vivido a través de la experiencia.

Me llama la atención desde hace tiempo la baja visibilidad del perfil femenino con poder gestor en la organización, salvo cuando hablamos del área de RRHH o de calidad; en estos dos casos, la visibilidad es manifiestamente mayor y cuando se tratan de foros, reuniones o exposiciones en público, está normalizado socialmente que así sea.

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Hoy mismo he leído un titular bajo una de estas fotos femeninas 100% y por el lema que acompañaba, claramente se visibilizaba la idea de “cambiar el mundo” por y para las personas. Desconozco los estudios que determinan que porcentaje de personas que inician el grado  de Relaciones Laborales lo hacen bajo la premisa de cambiar el mundo de los compañeros de trabajo futuro, pero me sorprendería que tuviesen esa motivación cuando realmente deben ser conscientes de que el mundo que hoy tenemos, no será el mismo mañana, ni dentro de 6 meses… imposible “acertar” lo que estaremos viviendo en el plazo de tiempo razonable en que van a ocupar un puesto donde puedan aportar valor para ese cambio paradigmático; ¿mayoritariamente las personas que quieren ayudar a gestionarlo son mujeres? ¿no hay hombres que quieran intentarlo? 

Resulta obvio que si, y de hecho en la empresa familiar, el salto generacional está posicionando a la mujer en el lugar para el que es válida, y en muchos casos, hablamos de la posición de responsable de negocio, el CEO; La familia que quiere seguir adelante y sobrevivir, es consciente ya de que necesita al mejor, y que no se mide por el sexo de  un hijo; se juegan demasiado para que sea de otra forma.

Yo misma, hace unos años estudié Empresariales (lo que hoy en día es Administración de Empresas) y mi idea inicial al incorporarme al mercado laborar era evidentemente la de poder gestionar, en el amplio sentido de la palabra… Unos cuantos años después no he perdido esa meta, sigue fija, pero si he aprendido a conocer aquello que quiero gestionar, y sobre todo, el precio que debo pagar por hacerlo.

A medida que avanzamos en nuestra carrera profesional, tod@s, (hombres y mujeres) buscamos encontrarnos cómodos en el papel, y muchas veces, esa comodidad es la que determina el nombre del puesto que ocupamos, lo cual no significa que debamos renunciar a ascender, tal vez la siguiente revolución laboral será aprender que no necesitas ser un CEO para cambiar el mundo, y que el nombre del puesto que ocupas en la organización no determina la relevancia de tu aportación para ese cambio global…

Tal vez, y sólo tal vez, en no demasiadas generaciones el techo de cristal será otro símbolo del pasado, cómo lo puede ser hoy el teléfono fijo, o la TV.

Hay una frase que marcó mi desarrollo profesional cuando la escuché de boca de un ex ministro francés: “España siempre ha sido un país de guerra de guerrillas” y no olvidemos nunca, que dentro de estas guerrillas, de Norte a Sur y de Este a Oeste, las mujeres han tenido mucho que decir y aportar para que funcionasen.

Es absurdo creer, que en ésta ocasión va a ser distinto...

Feliz semana