El fracaso no es lo opuesto al éxito.
Es un trampolín hacia el éxito.
Arianna Huffington


Ésta semana hablaba con una compañera de profesión que ponía el foco de toda mi atención sobre el hecho de priorizar, y saber que hacer antes: nunca imaginé que podía haber dudas pero es evidente que todas las organizaciones tienen su propia forma de moverse y organizarse, así que además de tener claros los objetivos, hay que preguntarse en que dirección quiere moverse la organización para conocer la estrategia y poder llevarla a cabo con éxito.

Si me pregunto si va antes la estrategia o el objetivo, parece que la respuesta será clara... ¿no? pero cuando una organización no tiene claro si es más importante el buen ambiente, el fluir, o el objetivo, irremediablemente está condenada al fracaso; no puedes esperar que el buen ambiente "per se", sea el mejor motivador para conseguir lograr los objetivos del común; a medida que la organización es más variada, necesita objetivos más asépticos y mejor definidos para poder conseguirlos, y sólo cuando están interiorizados y son claros para la dirección se puede implementar un sistema de trabajo que sea agradable para todos los participantes del proyecto, o para la mayoría.

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Es imposible que sea perfecto para todos, pero es muy factible que mayoritariamente se aproxime a las necesidades de cada uno de los integrantes, y desde ahí que todos se involucren de una manera natural al objetivo común, y ahí precisamente es donde radica la fuerza del equipo, y por tanto, de la organización.

La primera fase para conseguirlo es una selección adecuada, y ya no hablamos de una selección por competencias o por objetivos, que se dan por supuesto, sino que hoy en día una pata importante de la entrevista debe fijarse en los valores del candidato: no es un juicio, simplemente, una forma de conocer quien es compatible con los valores del proyecto tiene una parte importante de la integración ganada, y en consecuencia, más rápida es la consecución de los objetivos y la ayuda al éxito colectivo.

Llegar a conseguir ésta adecuación  supone un proceso, un cambio de identidad para el que las organizaciones se van adecuando paulatinamente, y hay que respetar las emociones tanto propias como las del equipo para que el proceso sea lo más ágil y rápido posible: los early adopters tienen un papel fundamental en ésta etapa, y la dirección debe ser sumamente coherente con los perfiles seleccionados y los fines conseguidos: aprender o triunfar es el lema, y hacerlo con las menos bajas posibles el mayor de los retos.