El que aprende y aprende y no practica lo que sabe, 
es cómo el que ara y ara y no siembra.
Platón


Comenzar un año de trabajo a veces encaja con los nuevos propósitos: tener una vida diferente, para hacer cosas distintas y gestionar proyectos de formas diferentes.

Esta semana he comenzado a trabajar de nuevo con un equipo para aprender a gestionar emociones, pero especialmente para llegar a objetivos marcados y que permitan cooperar y coopetir...

La época que vivimos avanza tan rápido, y los cambios son tan vertiginosos que es imposible analizar quien es tu competidor si muchas veces es fácil encontrarte con esa persona compartiendo un proyecto.

La magia de conocer el entorno hace necesario saber que cosas pueden resultarte útiles y cuando son necesarias para poder desarrollar nuevas habilidades.

Estoy desarrollando el plan de acción para trabajar con ellos en la necesidad de ser un nuevo y mejorado gestor de proyectos, pero lo mejor de todo es que son sus propios proyectos, es necesario que lo sientan así, ya que sólo se puede trabajar desde la posibilidad de involucrar de manera completa a cualquiera de las personas implicadas, y es necesario asumir los errores, los posibles y los que no se pueden prever.

Por si no es visible, o palpable, estoy tremendamente emocionada, y es que arrancar nueva etapa con un proyecto entre manos que te permita dar un salto cualitativo es básicamente una experiencia emocionante y un reto imprescindible para cualquier mente curiosa.

Estoy deseando empezar, y es que sólo así podremos aprender y vivir la experiencia de la integración, que al mismo tiempo es una posibilidad de desarrollar una nueva y útil perspectiva.