Hay amores que no conocen
su verdadero nombre.
A.G.


Hemos oído mil veces en los últimos años, (bueno, en realidad yo lo he escuchado desde que soy una niña pequeña en mi casa, en boca de mi padre especialmente) que lo importante es que decidas hacer un trabajo que te guste, sin llegar al extremo de amarlo, pero que te sientas cómodo y feliz durante las horas que le dedicas.

Esta semana he trabajado con un par de personas que se encuentran en la circunstancia de llegar próximamente a los 50 años, y que no han disfrutado nunca de su trabajo; están mentalmente en forma, son personas muy capaces, con mucha energía en su vida personal, y con un bloqueo en cuanto a la actividad profesional en la actualidad.

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Los he incorporado en un grupo sobre búsqueda de empleo, han asistido a un par de talleres, y esta semana han conseguido sentirse libres para hablar de sus verdaderas preocupaciones respecto al trabajo, y se han sorprendido contándonos las cosas que realmente para ellos eran importantes y que les gustaría hacer. Inicialmente se han incorporado a la evolución de proyectos de otros asistentes, han ido comprobando herramientas y haciendo su propia prueba-error (método lean en la actualidad) para poner en marcha sendos proyectos que hasta ahora ellos sólo eran capaces de visualizar como hobbie...

El día que sus compañeros empezaron a arroparles, a compartir e intercambiar con ellos dudas, áreas de mejora, e incluso a mostrarles la complementariedad con algunas otras actividades de éxito que ya están en marcha, empezaron a dejarse seducir, a volver a sonreír y por primera vez, según sus palabras a entender el concepto de disfrute en la actividad profesional.

Se les ve en la cara que son felices, que están contentos con el planteamiento profesional, y además tienen razones para ello:

1.- La expresión facial se ha relajado, tienen un propósito, una meta clara en la que creen.

2.- Son conscientes de lo que hacen y para qué lo están desarrollando, más allá de pagar facturas.

3.- Han podido comprobar que el proyecto es económicamente viable, es decir, tienen expectativas en el tiempo.

4.- Son conscientes de que éste es el momento para que funcione, y saben que el camino determinará los ajustes.

5.- Se sienten capaces, saben que lo que están trabajando no es algo efímero, y por supuesto tampoco algo que desconozcan, saben que pueden hacerlo, incluso de una manera relativamente sencilla para ellos, por sus conocimientos y capacidades.


En definitiva, tienen las 5 premisas SMART para los objetivos de la gestión de un proyecto, y aunque ellos no lo visualizan así, tienen delante el más importante que han tenido nunca, su propia línea vital.