Nunca preguntes por quién doblan las campanas, 
por que están doblando por ti.
John Donne


Recuerdo perfectamente la primera vez que lloré... en el trabajo! Paradigma de toooodo lo que no debes hacer según me enseñaban una y otra vez en casa, en la Universidad (Empresariales), los compañeros de trabajo (compañía de seguros) y mis amigos.

Allí mismo, en aquel momento descubrí lo sola que me sentía, lo incomprendida, lo absurdo de una situación que se me antojaba irreal al querer aunar mi emocionalidad con mi parte profesional; supongo que ahí empezó a fraguarse en mi interior el deseo de trabajar sólo en un ambiente que me fuese propicio y por tanto, donde no fuese necesario llorar para poder desarrollarme en el ámbito profesional, y también supongo que ahí aprendí que para mi al menos, era mucho más importante tener un trabajo donde pudiese hablar, opinar, y aprender, que limitarme a repetir mecánicamente algún discurso que otro había preparado, o preferido poner en mi boca.

Recuerdo todavía como si fuese hoy el empeño en imaginarme débil, vulnerable y poco preparada para asumir responsabilidades simplemente por la incapacidad de alguien para no respetar o comprender las necesidades de sus colaboradores, y desde luego, no pasa un día sin que me pregunte si esa persona habrá aprendido en estos años, el valor de la empatia y la inteligencia emocional.

No es frecuente que las personas formulen verbalmente sus emociones cuando de entorno laboral se trata, pero es súper útil para ello fijarnos en los gestos no verbales, en las actitudes y en la imagen de quién te rodea; cuántas veces tienes a un colaborador con ojeras y sin su habitual sonrisa, y sabes que algo ha ocurrido, que hoy no va a ser su mejor día, y... ¿cómo actúas? intentas dejar para mañana todo aquello que puedes retrasar para que el esfuerzo hoy sea el justo, o por contra, eso no es tu problema, y si hay que cumplir, hay que cumplir y a trabajar se viene dejando en la puerta tus problemas personales, que aquí bastantes tenemos y no te pago para hablar de los otros? 

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La magia que supone poseer esta habilidad radica en que ves claramente diferenciado la inteligencia académica de ésta, y hace gala de lo interesante que resulta la teoría de las inteligencias múltiples; forma parte de la pluralidad del mundo actual, y sobre todo, de la forma en que nos relacionamos y generamos relaciones con los que nos rodean, así que para el management es básico saber gestionar esta parte humana, si no has aprendido, o todavía no te lo has planteado ya llegas tarde, estás tardando en ponerte al día y actuar como un buen y capaz gestor, por que hoy en día más allá de JEFE, cualquier organización que se precie busca un buen gestor de expectativas personales y profesionales: de nuevo la pista central del circo radica en la habilidad de los mandos medios, y en ello se nos va una parte importante de la capacidad de desarrollo de cualquier negocio.

Se dice que las mujeres tenemos un grado más alto de empatia en general que el hombre, pero la realidad del día a día indica claramente que es una habilidad que se trabaja como cualquier otra, y de hecho el propio Martin Hoffman señala que en la empatia se asientan las raíces de la moral, del altruismo y en última instancia, el fundamento de la comunicación.

En mi opinión cualquier responsable de negocio debería saber, es decir, es OBLIGATORIO tener claro que en beneficio de todos, empezando por el negocio, cuanto más capaz sea de ponerse en el lugar del otro, más rentabilidad (y de eso se trata cualquier negocio, verdad? de conseguirla!) va a generar para el cliente interno, externo, y por supuesto, para el accionariado.

Hoy en día me siento agusto, y no he tenido que volver a llorar en ningún trabajo que desarrollo, pero me encanta que llegue esa situación en algún momento, para poder gestionar y trabajar esta habilidad con quien lo requiere; la próxima vez que veas llorar a uno de tus colaboradores, pregúntate que has hecho mal.