La diferencia entre donde estuviste ayer, 
y donde vas a estar mañana, 
es lo que pienses, digas y hagas
hoy 


 A veces, y sólo a veces, te encuentras con un cliente, con un proveedor o partner que simplemente te sorprende por las reacciones cuando te piden un presupuesto, cuando te contratan un servicio... o cuando te dejan pensar durante semanas que trabajaréis juntos y ese día nunca llega.

La semana pasada estuve con uno de esos clientes que llevo tiempo esperando, con ganas de hacer cosas con y para él, ya que tengo claro el concepto y visualizo perfectamente lo que necesita dentro de su organización en la actualidad.

Los tiempos han cambiado,si, y también lo han hecho las necesidades de todos nosotros, y nuestra manera de comunicación así que me llevé una alegría cuando pude reafirmar in situ la importancia de las personas, de las visitas físicas en medio de tanta tecnología y tantos cambios; la empatía, la escucha activa, la asertividad, en vez de suponer un problema están cada vez más de moda, son más necesarias para poder mantenerse como valor añadido más allá de la profesionalidad que se nos supone.

Además de ser una de estas reuniones muy provechosa, me quedé con la sensación de que esta sería la buena, esta vez sí iba al fin a conseguir ese cliente que a veces, acaba convirtiéndose en un dolor personal, en un reto que necesitas mantener vivo y cumplir como persona, para poder estar a gusto con tu trabajo, es el reto que te mantiene...

Hace unos días le llamé, con la intención de confirmar la aceptación de servicio, y... y no, esta vez tampoco fue la buena!! sigo esperando, me ha dicho que pronto (esto es nuevo, eh?) y que le ha gustado mucho lo presentado, así que al día siguiente cuando me levanté... necesité razones, necesité motivaciones para seguir adelante y no rendirme!! ¿conclusiones?

1.- Tengo derecho a tener días "imperfectos", en el que las cosas no salgan como queremos, pero que existen, y de los que podemos aprender a practicar nuestra tolerancia a la frustración.

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2.- Tengo derecho a tener sueños, y objetivos, según quiera ponerle o no plazos, y especialmente, a tener la capacidad de imaginar, de vivir y de ser consciente de que cada día que nos levantamos todo puede ser una sorpresa que estamos obligados a disfrutar.

3.- Tengo derecho a evolucionar como persona y profesional, así que es posible que muy pronto, antes incluso que mi cliente, sea yo quién se canse de esperar... y decida no volver a levantar el teléfono o visitarle para intentar trabajar con él...

Si consigo que ese día llegue, no se me ocurrirá mejor forma de motivar y darme razones para seguir levantándome a diario: poder cumplir sueños (a veces) o dejar los actuales para construir otros...

¿te animas? ;)