Dondequiera que se ha logrado
la separación entre pensar 
y hacer, la consecuencia ha sido
la degradación del trabajo.


Diferentes clases de trabajos atraen a distintos tipos de humanos, y podemos sentirnos felices si encontramos un tipo de trabajo acorde a nosotros; hablamos en muchas ocasiones de la diversidad en la actividad formativa pero no existe tanta cuando nos referimos a las dotes de una persona: la diversidad del ser humano, al encajarnos en las limitaciones, nos alejamos de nuestros verdaderos propósitos; cuando una persona valora la forma en que se puede ganar la vida, la actuación no está basada en su Coeficiente Intelectual, sino en cuales son sus habilidades: que fortalezas harán de él un profesional de éxito, sea como sea que la propia persona entienda este concepto.

La consciencia propia es una de las más interesantes lecciones que puede extraer cualquier persona que esté pasando por esa situación, o pensando en emprender, que no deja de ser, un camino constante de aprendizaje.

Hay que estar preparado para asumir que las matemáticas son exactas y constructivas, pero todo lo demás... no! Es importante evidenciar que cualquiera que se dedica a reparar cosas, a trabajar por y para otros ofreciendo servicios o bienes, tiene una relación diaria con el mundo como algo independiente, una vivida conciencia de las diferencias entre el yo y el no yo: es una cura de humildad, contra el narcisismo.

Los psicólogos cognitivos hablan de metacognición (actividad de dar un paso atrás y reflexionar sobre tus propios procesos mentales) pero esta capacidad parece arraigada en una capacidad moral, ya que los problemas no se presentan libres de ambigüedades, y es importante que constantemente estés pendiente de la posibilidad que tienes y existe, de que te equivoques: esa es una virtud ética.

No se debe olvidar nunca, que, si disminuyen las ocasiones para ejercer el propio juicio, la virtud moral-cognitiva de la atención se atrofiará, y la despreocupación institucionalizada del trabajo taylorizado (cadena de montaje, o en su versión más moderna de fábricas donde se explota a sus empleados) acaban por reformar a las personas, y ese trabajo degradado conlleva no sólo cada vez un nivel intelectual menor, sino una cierta re-educación moral no planeada; todos conocemos a proveedores que parecen reducirse a autómatas lectores de guiones, u organizaciones que no son capaces de captar talento por que no son capaces de encontrarlo: parece que el trabajo degradado convierte al trabajador en material únicamente válido para el mundo del trabajo negligente.
Foto Banco MorgueFile

Hay un interés humano en el tipo de trabajo que decidimos elegir, la despreocupación sistematizada, o bien, la atención disciplinada animada por el criterio de compromiso ético con el entorno, que en el fondo, no deja de ser una elección entre el beneficio del capital absentista, o al dueño de un saber personal.

Hoy en día, el consumidor está haciendo su propia elección a diario, dando expresión a su ánimo público, y es el entorno en el que nos movemos lo que da sentido a todo lo que hacemos, y eso, no es determinista ni depende nada más,que de la persona más importante de tu vida: TÚ! por lo que ya estás tardando en analizar Tu modelo de negocio