Siempre he odiado esa frase, no creo en ellas, sobre todo por que cuando algo se daña tanto como para necesitarla, suele ser complejo que funcione después.

Al hilo de una serie de charlas con los responsables de distintos negocios estos días atrás, me ha resultado curioso y sorprendente que pese a su situación un tanto al límite en cuanto a facturación y volumen de negocio, siguen sin dar siquiera, la oportunidad al entorno on line, ¿y cómo es posible eso? 

1.- No saben como encajar en la cultura de la organización valores que para ellos resultan tan innovadores,

2.- Necesitan una dosis de frescura que no son capaces de asumir,

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3.- Implica cambiar el modelo de relación con los colaboradores y también entre ellos, y es duro reconocer que te has equivocado, o en su defecto, quedado obsoleto.

4.- El miedo a pedir ayuda y al fracaso entendido como "hacer el ridículo" les paraliza en muchos casos, y no son capaces de asumir con facilidad la nueva labor que la organización espera de ellos.

¿te suena? Son elementos y reflexiones que seguro que te has hecho tú en el momento de abrir la ventana a "la red" y que no siempre es fácil asumir, o llegar a comprender las reglas de este juego pero no por ello deja de ser necesario; suelo repetir allá donde voy y en los foros que me escuchan, que las redes sociales no han llegado con manual de instrucciones, y eso es una obviedad, pero la diferencia la marcan aquellas personas que antes han empezado a desarrollar el clásico "prueba y error" para conseguir sacar el mayor provecho a la nueva realidad que vivimos.

Siempre es un tema difícil de tocar y a la par "espinoso" decirle a alguien que efectivamente, el Taylorismo ha muerto y vive en la era del conocimiento y que conceptos como la inteligencia social colectiva están mas vivos que nunca para brillar con luz propia en esta era digital.

No se trata sólo de que tus colaboradores "tengan una vida paralela" a la presencial a través de redes, ni que conceptos como influencer hayan cambiado las reglas del juego, sino que en muchos casos es un tema de actitud, de tener la capacidad para abrir la mente y jugar con las cartas que la vida nos depara; el concepto mi negocio, mi empresa ha quedado atrás ya que en la actualidad todos en mayor o menor medida somos "YO S.L.U." y por primera vez somos conscientes de la importancia de cuidar nuestra marca y desarrollo de habilidades, pero ¿cuánto tiempo debe pasar hasta que estos empresarios sean conscientes de ello y perciban la notoriedad que pueden llegar a alcanzar dando el salto a la no tan novedosa forma de entender las relaciones humanas como pilar de cualquier empresa? 

Tal vez antes se pudiesen ayudar entre ellos, o algún amigo estuviese dispuesto a facilitar un contacto y favorecer un negocio o entrevista con alguien interesante, pero... ¿acaso no resulta mucho más útil que esa facilidad pueda llegar de la mano de un colaborador, que además conoce el negocio a la perfección y sabe lo que necesita? 


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Es una cuestión lógica que todas las personas buscamos lo mejor para nosotros, y nos gusta hacer encajar esa situación con el bien de la organización de la que formamos parte, así que tal vez es momento de dejar a un lado el modelo clásico y deshojar la margarita para saber si "nos quiere" o "no nos quiere" y simplemente, fluir con naturalidad por la senda que estamos construyendo entre todos, sisi! entre todos.

Es verdad que se ha abierto una Caja de Pandora difícil de cerrar, pero no es menos cierto que de nuevo, depende sólo de nosotros el uso que hagamos de los vientos que nos trae...

¿y tú? ¿hacia donde quieres que te mueva el viento? ;-)