Las personas pueden unirse a una compañía, pero dejarán atrás a los jefes

Existe un rasgo común en las organizaciones más exitosa, sean grandes o pequeñas, y es que avanzan con paso seguro más allá de la estrategia comercial convencional, esto es la fuerza de marca, el servicio al cliente, el liderazgo estratégico… y no es otra que dar consistencia al recurso individual más importante en cualquier compañía: las personas que la forman.

En muy pocos casos se reconoce el grado en que sus directores son los encargados de comunicar la cultura de la organización, y menos las que trabajan de forma efectiva a través de programas de formación y coaching para asegurar que los transmisores tienen el conocimiento y las habilidades para motivar a los colaboradores a participar, se sientan satisfechos y se empleen a fondo en mejorar sus habilidades.

Existen 3 características comunes para los directores que llevan a sus equipos a los más altos niveles de satisfacción laboral y de rendimiento:

-          Guía a todos los colaboradores desde el principio en la dirección correcta, asegurándose de cumplir las expectativas previstas. Explora de manera exhaustiva lo que se requerirá de los colaboradores, como se evaluará su rendimiento en el futuro y llega a un acuerdo para trabajar hacia objetivos claramente establecidos ya que es muy distinto explicarle a las personas lo que se espera de ellas y asegurarse de que lo que ha de hacerse ha sido debidamente entendido.

-          Mantiene un flujo constante de comunicación, y ésta resulta exitosa. Observa a sus colaboradores, hablan abiertamente del trabajo que están desarrollando y la interacción provee los recursos, la guía y reconocimiento que las personas necesitan para alcanzar el éxito. La comunicación funciona cuando es frecuente y se emplea un lenguaje que todo el mundo entiende: es clara, concisa, lenguaje común para todos los miembros del equipo.

-          Actúan sobre el rendimiento: está pendiente del rendimiento de cada colaborador, elogia su actuación creando un feedback constructivo, y eso impulsa al equipo hacia lo más alto, reforzando comportamientos exitosos y alineando los esfuerzos al camino correcto: actúa de forma que el feed-back positivo y negativo sean suministrados en dosis pequeñas y digeribles.



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No hay persona más influyente en el equipo que un responsable directo, tanto en la parte moral como en la productividad pero aunque puede parecer muy común y somos conscientes de que es necesario, no es suficiente para cambiar las formas en que se trata a los colaboradores.

Siguen existiendo muchos directivos que únicamente interactúan con sus equipos cuando hay un problema que resolver, pero lo hacen de una forma tan precipitada o dedicando tan poca reflexión a su enfoque, que suelen frustrar y alienar más  a las personas que necesitan su apoyo, empeorando la situación complicada en si misma.

A medida que las empresas se nivelan en respuesta a los cambios competitivos creados por las nuevas tecnologías, la regulación de la industria o la expansión del comercio global, van eliminando sus estratos directivos y tienen por tanto menos tiempo y disposición para centrarse en el propósito fundamental de su trabajo: dirigir a las personas.

Esta circunstancia además les vuelve completamente inconscientes del impacto tan nefasto de su comportamiento, y en muchos casos es incluso ignorado por el liderazgo ejecutivo.

Con todo ello no pretendo señalar que sea fácil ser la persona que está a cargo de un equipo y menciono algunos datos que me han sorprendido al respecto:

·         Sólo el 21% de las personas estarían dispuestas a asumir el puesto de su superior.
·         El 35% tienen serias dificultades para comunicarse con sus responsables.
·         El 64% de los directivos reconocen tener que trabajar sus habilidades directivas.

Todos podemos en un momento dado, en algunas situaciones y con determinadas personas, equivocarnos como responsables pero el verdadero desafío consiste en ser consciente de las limitaciones y comprender como afectan más a tus colaboradores para erradicar las influencias negativas que puedan ocasionar.

Tal vez la clave está en abordar los desafíos cuando son demasiado grandes para verlos, aunque siguen siendo pequeños para resolverlos: gestión del tiempo, estrés, compañeros de trabajo…

Resulta imposible conseguir que cada acción sea perfecta, pero es absolutamente posible cambiar el enfoque de los problemas, como tratar a las personas, y como tratarse a uno mismo…

¿te sumas a volar sobre tus propias limitaciones y volverte un líder que no se quede atrás?