Dado que vivimos la época del talento, la era de las emociones y que nos bombardean desde todos los ámbitos para que temblemos ante la llegada del neuromarketing como traedor de muchos males del S.XXI quiero hoy, en este día y noche de San Juan, reivindicar el derecho a ser mágicos.

El mundo sigue girando a una velocidad vertiginosa, y cualquiera que sea el lado del que decidas quedarte (subirte al 2.0 o bien, ignorarle y seguir con tu vida 1.0... mientras puedas!) llega un momento en que debes asumir que eres lo que eres en un entorno que ya no es lo que fue.

    El poema más hermoso
                no fue hecho por un reconocido escritor,
         sino por un loco enamorado
      que se expresó sin temor.

Palabras como creatividad, innovación, modelos de negocio disruptivos... están tan a la orden del día que estoy casi segura de que en muchas ocasiones no tenemos claro ni lo que estamos diciendo, escuchando o pretendemos comunicar.





No es que crea que todo está inventado, y que no hay mucho por hacer o rehacer, o volver a generar de otra forma... como quieras! pero todas son coletillas de una misma situación, y es que estamos viviendo un cambio de era en la que (casi) todos estamos de nuevo buscando nuestro lugar, y no es ni bueno ni malo sino todo lo contrario... es decir! si tenemos que trabajar de otra forma, sea... pero ni siquiera nosotros sabemos lo que queremos de una marca a fecha de hoy, así que es necesario que centremos antes lo que buscamos como persona.

El día que por primera vez oí hablar de marca personal fue de la mano de uno de los expertos desde hace años en esta materia, (seguramente para los que seguís este concepto os sonará Andrés Pérez Ortega) y me encantó alguna de las cosas que compartimos; tuvimos ocasión de charlar un rato finalizada la reunión, pero no estaba yo tan enfrascada en este entorno como para haberme hecho una foto que acreditase el momento: Andrés, tenemos algo pendiente ;)! aunque sin duda me pareció mucho más interesante el discurso que la foto; en aquél momento yo dije que empezaba mi andadura y que pasado un tiempo sería el momento de responder a la pregunta sobre si estaba contenta y lo que me había aportado el volverme un profesional con "visibilidad".

Ahora que he empezado otra etapa del proyecto, que ya estoy focalizando mi personal branding, reflexiono en alto sobre la importancia de ser una marca; todos tenemos una, lo que hasta hace poco reconocíamos como "imagen de marca" o "referencias" buenas o malas, pero todos sabíamos que nos enfrentábamos a un entorno concreto y cercano.

Ahora la realidad nos ha superado y desde hace tiempo nuestro entorno se ha vuelto multicultural y ha destruido las fronteras físicas que los países se empeñan en mantener. Uno de los arduos caminos que todavía le queda por recorrer a un amplio sector de la población es focalizar su propia marca, no porque no disponga de ella sino porque hasta ahora no la han entendido como tal y el uso de las redes sociales siempre ha sido confuso: conceptos como el derecho al olvido, la memoria digital... son retazos que cuando debes cambiar el escenario varían contigo y siempre te preguntas en que momento del camino, tal vez, puedas llegar a arrepentirte de algo de lo compartido... es absurdo avergonzarse  (las redes sociales no llegan con manual de instrucción) pero no es tarde para aprender, y para saber hacer un uso responsable de todas las armas que tienes a disposición...

Aprender a ser marca no resulta sencillo, es un trabajo meritorio y no remunerado salvo con la satisfacción de la realización propia, con el  objetivo de cambiar tu mundo para  transformar un capullo en mariposa, o para poder demostrar lo que vales sin que nadie lo cuestione, porque no nos engañemos, la imagen hoy más que nunca si importa, y siendo mi tierra la que es no puedo dejar en una noche como hoy de recordaros que...

"cuidado con las meigas, 
que habelas, haylas"