Hace muy poquitos días tenía una cita con un cliente al que no conocía personalmente, era una primera visita y aunque es un trabajo que conoces desde hace mucho, no podía evitar sentir un cierto cosquilleo en el estómago; esperaba llegar pronto como marcan las indicaciones que cualquier profesional del sector conoce, y poder ubicarme en el lugar antes de que él llegase.

El primer contratiempo fue un problema en el coche, y debí volver al punto de origen para hacerme con otro vehículo, con lo cual, atenta como estaba a cumplir el protocolo, llamé al cliente para explicarle lo ocurrido y hacerle saber que me retrasaba: me liberaba de presión y al mismo tiempo le dejaba margen para re-organizar su agenda.

Una vez me relajé, me puse de nuevo manos a la obra en pensar cómo iba a desarrollar la visita, los datos que necesitaba para poder presentar un proyecto que pudiese encajar con sus necesidades, la detección de necesidades, etc. y ahí me encontré yo, a mitad de camino y descubriendo que no llevaba mis tarjetas de visita!! me las había dejado en mi coche habitual de trabajo, las prisas, los nervios hicieron el resto...

Reconozco que tuve unos minutos de pánico, llegué a dudar volver una segunda vez a buscar la tarjeta, de pronto me sentía como desnuda, y yo como le explico que me las he olvidado? GLUPS! también había cambiado de bolso, así que tampoco tenía ese plan B y el recurso de ir a la tarjeta de emergencia!!

Decidí seguir adelante,  ya no me sentía cómoda con el retraso y no quería agrandarlo más, así que allí me fui...



Debo indicar que la visita salió muy bien, fue muy fructífera y debo añadir que extraje interesantes conclusiones, ¿la primera? que también las reglas han cambiado en el terreno de las relaciones comerciales con los clientes: ya no es tan importante el hecho de la tarjeta de visita, sino que las redes sociales y que el cliente tenga acceso inmediato a nuestro trabajo a través de un blog, o de una completa página web nos facilita mucho la labor de venta de servicios y de colaboraciones.

Una muestra más de como la revolución de las comunicaciones llega para quedarse y para poder hacer un cambio absoluto en la forma en que nos tratamos clientes y proveedores...
Por cierto! ni siquiera me preguntó por la tarjeta, ya conocía mi trabajo! y solo quería charlar conmigo, y saber si en persona era la misma...


Era mucho más importante desvirtualizarme, no le preocupaba que le dejase allí una tarjeta con un teléfono y unos datos que él ya conocía... gracias por el rato tan agradable de conversación.